Un portátil cerrado y cubierto de polvo sobre un escritorio, con unas gafas encima

La herencia digital

Veinte años comprando música, películas y libros en tiendas digitales. Cuando el titular fallece, esa biblioteca no se hereda. Ni con contacto de legado, ni con certificado de defunción, ni con escritura de aceptación.

Nunca fue suya. Era una licencia personal, y las licencias personales se apagan con la persona.

Las fotos sí pasan. Los mensajes, las notas y los archivos también. Y hay una parte del patrimonio digital que puede desaparecer sola mientras la familia tramita el papeleo, que es lo que hace este capítulo distinto a todos los demás de una herencia: un piso espera; un dominio caduca.

En este artículo

Lo que la ley española sí da

España tiene una norma propia sobre esto, y es bastante mejor de lo que la gente cree. El artículo 96 de la ley de protección de datos regula lo que llama el testamento digital.

Dice que los herederos, y también las personas vinculadas al fallecido por razones familiares o de hecho, pueden dirigirse a las plataformas para acceder a los contenidos y dar instrucciones sobre su uso, su destino o su supresión.

Con una excepción: si el fallecido lo prohibió expresamente en vida, no se puede acceder.

Y aquí viene el matiz que casi nadie explica, y que cambia el resultado en los casos que importan: esa prohibición no afecta al derecho de los herederos a acceder a lo que forme parte del caudal. Es decir, la prohibición protege lo íntimo —la correspondencia, las fotos, lo privado— pero no sirve para esconder patrimonio. Si en esa cuenta hay dinero, un negocio o un activo, se hereda igual.

Lo que compraste no era tuyo

Esta es la parte que más sorprende, y no es una interpretación: está escrita en la documentación de las propias plataformas.

Apple, por ejemplo, permite designar un contacto de legado que después accede a las fotos, los mensajes, las notas, los archivos y las copias de seguridad del dispositivo. Pero excluye expresamente las películas, la música, los libros y las suscripciones compradas, y también el llavero donde se guardan las contraseñas y los métodos de pago.

El motivo es el mismo en todas las tiendas digitales: al pagar no se compra un bien, se adquiere un derecho de uso personal e intransferible. Un disco de vinilo se hereda; el mismo disco comprado en una tienda digital, no.

Es una diferencia de la que conviene ser consciente antes, no después, porque afecta a cómo tiene sentido gastar el dinero en cultura a lo largo de una vida.

Las herramientas se activan en vida

El patrón se repite en todas las plataformas: existe una herramienta que funciona bien, y funciona solo si se configuró antes. Después del fallecimiento queda un procedimiento lento, incierto y que muchas veces solo sirve para borrar.

Rejilla de plataformas: Google entrega lo que decidas con el administrador de cuentas inactivas, Apple entrega fotos y archivos pero no lo comprado, Meta solo la gestion de la cuenta conmemorativa, y las criptomonedas en autocustodia no se recuperan sin las claves
Todas las herramientas que funcionan de verdad se activan en vida. Las que se usan después casi siempre sirven solo para cerrar la cuenta.

Configurar las tres primeras lleva menos tiempo que pedir un certificado de últimas voluntades. Y a diferencia de un testamento, no hay que ir a ningún sitio ni pagar nada.

Las criptomonedas, el único activo que se pierde del todo

Todo lo demás en una herencia se puede rastrear. Una cuenta bancaria olvidada aparece en el certificado de posiciones; un piso desconocido aparece en el Registro; unas acciones antiguas dejan rastro en la declaración de la renta, como cuento en heredar acciones y fondos.

Las criptomonedas guardadas en un monedero propio, no.

Si nadie encuentra las claves, no hay ninguna plataforma a la que reclamar, ningún juzgado que pueda ordenar nada y ningún soporte técnico que lo arregle. El dinero sigue existiendo y es visible para todo el mundo, pero es inaccesible para siempre. Es la única forma de patrimonio con esa propiedad.

Si están en un exchange con nombre y apellidos la situación es distinta: hay una empresa detrás y un procedimiento de herederos, parecido al de un banco.

Y una advertencia sobre el testamento. Las claves no se ponen en el testamento. Un testamento no es un documento secreto: se pueden pedir copias, y tras el fallecimiento cualquier heredero tiene derecho a una. Lo que se deja escrito es dónde encontrarlas, no cuáles son.

¿Las criptomonedas pagan Impuesto de Sucesiones?

Sí. Forman parte del caudal como cualquier otro bien y se valoran a la fecha del fallecimiento. Que sean difíciles de encontrar no las exime.

Lo que caduca mientras tramitas

Una herencia normal tarda meses y no pasa nada: los bienes esperan. En lo digital no.

Los dominios caducan. Si nadie renueva, el dominio se libera y lo puede registrar cualquiera. Un negocio entero puede evaporarse por una renovación de doce euros que nadie sabía que había que pagar.

Las suscripciones se siguen cobrando de una tarjeta que quizá ya no debería estar activa, hasta que alguien las cancela.

Y algunas cuentas se borran por inactividad pasado cierto tiempo, con todo lo que había dentro.

Por eso este es de los pocos frentes de una herencia donde correr sí tiene sentido. En casi todo lo demás, el plazo que aprieta es el de los seis meses del impuesto; aquí el reloj lo ponen las empresas.

Cómo averiguar qué había

No existe un registro de vida digital, así que se rastrea igual que el resto del patrimonio: por el papel que dejó detrás.

La última declaración de la renta. Otra vez el mejor mapa. Si vendió criptomonedas, cobró por un canal o facturó por un negocio digital, ahí consta.

El modelo 721, si lo presentó. Es la declaración informativa de monedas virtuales situadas en el extranjero, y su sola existencia confirma que había algo y dónde.

El correo electrónico. Los extractos de exchanges, las facturas de dominios y las renovaciones de suscripciones llegan por ahí. Es la vía más productiva con diferencia.

El gestor de contraseñas, si usaba uno, que suele contener el inventario completo sin que nadie lo haya escrito nunca.

Y el propio móvil, mientras siga desbloqueándose. Las aplicaciones instaladas dicen qué servicios usaba mejor que cualquier lista.

Si aparecen cuentas o activos en otro país, el terreno cambia y hay dos sistemas de reglas funcionando a la vez: la ley que reparte y el impuesto que se paga. Lo explico en herencia con bienes en el extranjero.

El documento de instrucciones

Lo que resuelve casi todo esto no es un documento legal, es una hoja.

Se escribe qué servicios se usan, con qué correo está cada uno y dónde está la clave maestra del gestor de contraseñas. No las contraseñas: dónde está la llave. Se guarda donde la familia la encuentre, y se revisa una vez al año.

No sustituye al testamento y no tiene efectos por sí sola, así que lo que decida el reparto sigue estando en la escritura. Pero es lo que convierte un problema irresoluble en un trámite. Sobre el documento que sí tiene efectos, cómo hacer testamento.

Dudas sobre la cuenta y el monedero

¿Puedo entrar en el correo de mi padre fallecido?

La ley reconoce ese derecho a los herederos y allegados frente al proveedor, salvo que él lo hubiera prohibido. Otra cosa es entrar por tu cuenta usando una contraseña que encontraste, que es un terreno distinto.

Dejó dicho que no quería que nadie viera nada.

Se respeta para lo personal. No para lo que forme parte del caudal: si en esa cuenta hay patrimonio, los herederos conservan el derecho a acceder a él.

¿Se hereda un canal de vídeo con ingresos?

El valor económico sí forma parte de la herencia. El acceso a la cuenta depende de la plataforma, y por eso conviene dejarlo preparado.

¿Y las millas y los puntos de fidelidad?

Depende enteramente de las condiciones de cada programa. Algunos permiten transferirlos a un familiar y otros los extinguen con el titular.

¿Vale con dejar las contraseñas apuntadas en un papel?

Funciona, pero es frágil: se pierde, se queda desactualizado y lo puede leer cualquiera. Es mejor dejar dónde está la clave maestra de un gestor.

Hemos encontrado un monedero pero no la clave.

Si es autocustodia y no aparece ninguna copia de la frase de recuperación, no hay nada que hacer. Merece la pena buscar bien en papeles y cajas antes de darlo por perdido.

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De dónde sale esto

Última verificación: 26 de agosto de 2026. Las condiciones de cada plataforma cambian sin aviso y conviene comprobarlas en su propia documentación antes de actuar. Este artículo no es asesoramiento legal ni fiscal.

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